jueves, 26 de febrero de 2009

fruto de cambiantes circunstancias



 Quién te lo iba a decir el día de autos, cuando por dormir en casa ajena llegabas tarde al trabajo y te atropelló aquel patán, que pasó con su semáforo ámbar, mientras el hombrecito verde parpadeaba allí arriba, y tú retorciéndote de dolor por aquí abajo. La leve cojera de por vida hubiera sido el mayor de tus males, de no haber tenido aquel compañero de habitación en el hospital: un narcotraficante en horas bajas, un reptil sin escrúpulos que supo salvarse de la quema tan vilmente, poniendo en tu contra las pruebas que debían haberle condenado para siempre jamás. Y después -hay que joderse- todo un sistema legal en tu contra, desventajas de ser pobre en aquel mundo justo y necesario. Y ahora, tras varias violaciones sufridas a tus espaldas, con los resultados del test del VIH en la mano, sin atreverte a abrir el sobre mientras el médico te mira con cara de china en el zapato; te acuerdas de la noche anterior a todo aquello, cuando salías de la Disco exultantemente borracho, llevando a hombros a la tía más fea de la fiesta, crees, como si a estas alturas pudieras acordarte de su cara.  

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