
Al posar la mano en el hombro del otro, acercó su rostro y dijo a media voz:
-Hay que saber distribuir la pólvora. Con medias verdades se puede ilusionar del todo, mientras que una mentira completa podría no bastar para medio engaño. En leer bien la situación está el triunfo. Nada pesa más que no cambiar a tiempo de ritmo, sabiendo que nuestra especie es un tiovivo.
A lo que aquel contestó:
-A mí también me aburre esta sala de espera, pero le agradecería que me dejase leer el periódico en paz hasta que la enfermera diga mi nombre, si no es mucho pedir.

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