
Las ondas van creciendo en el agua. Contemplamos su expansión regular y perfecta, marcada por la suavidad de su ritmo. Casi nos parece desvanecernos con ellas, tan contagiosa es la placidez de su camino. Provocamos a veces su arranque, igual que otros trabajaron por el nuestro, sin más ambición que compartir parte del viaje; todo para verlas renacer al menor toque, como un niño amodorrado al que despierta una caricia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario