
Contemplaba a su víctima como hipnotizado. La expresión de su gemelo muerto le inquietaba; le hacía pensar lo peor, como si el otro pudiera levantarse y robarle el tabaco. Cuando se volvió, decidido a dejar atrás todo aquel humo, se vio frente a otro tipo idéntico a él, que le apuntaba con un revólver de drama policial setentero. Lo primero que le disparó fue una pregunta.
- ¿Por qué lo has hecho?
- Pues, si te digo la verdad, no tengo ni puñetera idea. Pero dame tiempo de aquí al juicio, que seguro que se me ocurre una buena historia que contaros. Algo que instruya divirtiendo. Les prometo alegría y diversión a raudales.
No había terminado de silbar la s, cuando el otro le soltó ocho frescas metálicas que le tumbaron al instante, de una vez y para siempre. Se quedó mirándole como hipnotizado, ignorando el baño de plomo que le esperaba en cuanto se diese la vuelta, decidido a dejar atrás todo aquel humo.

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