
Así tambien el número de Avogadro, que es el que hoy nos ocupa y llena.
Como demuestra irrefutablemente la imagen, el nº de Avogadro era el V (no confundir con el 5), y no la constante de inquilinos por mol que difunde la wikipediae. Semejante implicación de nuestro héroe con la letra victoriosa se debe -como tantos otros descubrimientos científicos- al puro azar, que le hizo salir indemne de una partida de ruleta en el casino de su pueblo, donde llevaba perdidos varios jornales y más, cegado como estaba por su fe en una tal Martingala.
De hecho, cuando la bolita cayó y calló en el casillero correspondiente al 5 (V en el idioma de A5ogadro), generó sin saberlo una riada de cazalla y otros espirituosos, que habría de reventar los hígados más valientes y sepultar la comarca en una resaca de difícil salida. ¿Cómo tapar aquella vergüenza? Inventando una constante más o menos científica, que le haga pasar a uno a la posteridad acallando los males mayores de una noche devastadora. Un mol por aquí, unos átomos por allá y si te he visto no me acuerdo. Y así hubiera pervivido esta impostura, de no ser por la fotografía que precede a estos párrafos, en la que el campeón exhibe con orgullo la clave de su éxito, contemplando con delectación unas botellas de orujo sin sospechar, inocente, lo poco que habrían de tardar éstas en hacerse añicos contra la pared más lejana.
Se dice (no nos lo creemos mucho, pero debemos hacernos eco) que mirando esta imagen más de 10 minutos seguidos, puede oirse una voz gutural pidiendo a duras penas otra copa de Anís la Castellana. Seguramente es fácil que se trate de una superstición.

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